Hace una semana, estaba en la casa de mis padres en el Estado de México y descubrí que atrás del fraccionamiento hay una hacienda muy bonita que se dedica a la crianza de caballos, supongo que para las carreras. Es muy grande y, a pesar de que siguen construyendo casas alrededor de la propiedad y la zona metropolitana crece día con día, tiene muchas caballerizas y salen y entran camiones con caballos cuyo destino dudo cual sea. El punto es que pasar por ahí es muy agradable, hay una vista increíble y unos árboles para una película de Tim Burton.
Decidí salir a correr en las mañanas y sacar fotos al paisaje, aprovechando de que
Cuando la vi, lo primero que pensé fue que cómo era posible que dejaran a esta señora a su edad hacer este tipo de trabajos. No son adecuados, ¿con qué fuerza hace todo esto? Pero yo mismo me contesté: la necesidad. Ni yo sería capaz de aguantar seguramente una vida como la de ella. La vida del campo es muy difícil y más si se es humilde y se vive en las condiciones que me imagino que vive esta señora.
Me pareció buena idea, aprovechando que estaba fotografiando el paisaje, pues pedirle que me dejara tomarle una foto. La señora accedió, se acomodó el cabello sutilmente que parecía nerviosa. El viento comenzó a soplar y ella puso sus manos sobre su babero para evitar que se levantara. Quise saber su nombre, pero ello no me contestó. Nunca sabré si no me lo quiso decir, tal vez consideró que ya era un abuso a su intimidad, o simplemente no me escuchó bien. Flash. Tomé la foto y aquí está. Su rostro lo dice todo, ¿no lo creen?
No sé como se llame, pero le puse Doña Fina. Suena Chistoso. La próxima vez que ande por allá, haré otra vez el recorrido, esperando que la vuelva a encontrar. Tal vez pueda darle algo que sirva de ayuda.









