July 29, 2009

Confesiones de un presunto enfermo

Mi nombre es ________ y soy hipocondríaco (inserte su nombre si se siente identificado). Me duele la cabeza, a veces mi ojo izquierdo me molesta –¿o es el derecho? Por la mañana siento una punzada en el colon, por la tarde me cuesta trabajo respirar y, por la noche, a veces, siento el latir de mi corazón correr demasiado rápido. Frente al espejo puedo revisar cada lunar de mi cuerpo, tamaño, color, dimensión y forma; me agobio cuando descubro que uno parece no haber estado antes. Si veo sangre, puedo desmayarme. Si no, también. ¿Tengo una mancha en el ojo? ¿Me duele la boca del estomago y las articulaciones? ¿Toso de manera extraña y preocupante? ¿Me molestan los ganglios o la garganta?

Google se ha convertido en mi diccionario y enciclopedia de enfermedades. Cuando tengo el agobio de tener una enfermedad, me sumerjo en la red en busca de artículos sobre enfermedades, en sitios donde gente hipocondríaca –igual o peor que yo– comenta y pregunta sobre posibles síntomas. Comparo entonces la información con mis propios males. De pronto, comienzo a sentir todo lo que he leído, que me encuentro en una confusión insoportable en donde lo único seguro es que estoy enfermo de algo. Y cómo no olvidar esas reuniones familiares en donde, tal cual obra de Eugène Ionesco, familiares y conocidos, amigos y vecinos, fulanito y sutanito, han muerto de cáncer. Reuniones en donde todos comentan un sin fin de enfermedades –tales síntomas, tales tragedias–, que regreso a casa enfermo, lleno de preocupación, de dolores, de hastío.

Al respecto, amigos y familiares cercanos comenzaron a cuestionarme. “Lo tuyo no es normal”, decían, “tienes hipocondría”. Mis padres, en tono de burla, me decían que tenía problemas, puesto que todo lo que escuchaba, todo lo que otros padecían, lo reproducía en mi propio cuerpo –por supuesto a una escala menor e insignificante–. Y cada vez que veía un capítulo de House, era motivo suficiente para sentir dolor, para revisarme, para explorar mi cuerpo presuntamente enfermo.

A mi agenda sólo le falta el teléfono de algún gastroentorólogo, urólogo y traumatólogo. El termómetro me lo han escondido, desde aquellos días de pánico social por la influenza humana, porque no dejaba de tomarme la temperatura cada dos horas. ¿Tengo hipocondría? ¿Es esto locura o sólo fobia a aproximarme a la muerte?...¿Tengo esa afección caracterizada por una gran sensibilidad del sistema nervioso –de acuerdo a la RAE–, con tristeza habitual y preocupación constante y angustiosa por la salud? ¿O todo es producto de la histeria colectiva de la posmodernidad?

6 comments:

FAUSTO said...

Ay amigo, qué puedo decirte. a veces soy peor, lo de la influenza me pegó por días, apenas veo una mancha y pienso en lo peor. Un moretón, igual. se me tiene que quitar!!!

Te mando abrazos, me da gusto leerte de nuevo, creo que los dos dejamos esto del blog por largo tiempo.

Saludos.

Diana said...

Sí, y también es culpa de tener demasiado tiempo libre. Memo me súper alegra que hayas vuelto! Y no, nada de vestidos rojos para ti. jejeje.

Guillermo said...

Fausto: te pasaré a visitar estos días, lo prometo.

Diana: jajaja, aaay, yo lo quería! jajaja- Espero verte prontoooouuu, en un tiempecito que nos demos entre el trabajo y el trabajo.

Anonymous said...

Me has hecho reír jajajaja, todos los q te conocemos esperabamos esta confesión desde hace mucho tiempo.

Jorge Pedro said...

bueno, uno viene a morirse, ¿no? y por lo tanto a enfermarse. suena horrible, pero sentirse mal es sentirse vivo.

Isabel Ibáñez de la Calle said...

Hace tiempo tuve un trauma fuerte con el síndrome del pájaro, me enteré por caualidad de su existencia y hasta tal punto llegó mi aflicción que pensé en no tener hijos, para no arriesgar a la humanidad.
Por otro lado, creo que si en México hubiera un buen sistema de salud, seguridad social que proporcionara eso, segurudad, iría al doctor sin parar. Pero mi economía y mi tiempo me impiden pensar demasiado en mis enfermedades. Y sólo pienso, ya pasará...
Pero, mi querido Guillermo, una buena noticia para ti: YA VAS A TEENR IMSS