June 16, 2007

Frente al Parque México

Listening to 2Raumwohnung, Verlaufen


Necesitaba tiempo para dedicarme exclusivamente a mí, y sólo a mí, durante estos días de fin de semestre. Básicamente esa fue la razón. Busqué refugios conocidos como la Samuel Ramos o la Biblioteca Central, una mesa para mí y para la novela de Alan Hullingshurst que he estado leyendo. La lectura siempre ha sido la fiel aventura que me zambulle en un mundo adictivo; una aventura siempre enriquecedora, siempre peligrosa. Y realmente en estos días necesité de este tipo de escape/goce antes de encerrarme en mi casa y convivir con mi familia.
Primero fueron las bibliotecas de la UNAM pero ante la necesidad del aire soplando frente a mi cara, de gente caminando y presenciar a los coches vagar por las calles—digamos el mundo en acción—me aventuré a un hobby que no hacía desde hace mucho tiempo. Me trasladé a la Condesa, llegué a Nuevo León y caminé por las calles que tanto se parecen, buscando un café bonito, cómodo, que tuviera aspecto de tener excelente café (el aroma a granos de café siempre los delata y generalmente no es el lugar más caro) y así llegué a uno.
Me senté en una mesa desde donde tenía como vista el Parque México y saqué mi libro de la mochila. No podía faltar la cajetilla de cigarros, el encendedor y los lentes para el sol ya que la resolana sobre mi rostro era imperdonable. Entonces llego él, me dio la carta y me miró a los ojos exhaustivamente, diciendo “Buenas tardes, aquí tiene la carta”. Fue en ese momento cuando me sentí nervioso, siendo mi privacidad literaria violada frente al Parque México, por esa mirada, esa sonrisa que la pequeña barba adornaba.
Pedí un capuccino con una carga extra, as usual, y lo miré discretamente, dudando si estaba entendiendo esta mirada que recibía de golpe: intimidación pura. En seguida abrí el libro y comencé a leer a Hullinghurst: error. El mesero y los párrafos que narraban las aventuras de William en los baños de la alberca no me ayudaban en lo absoluto. El mesero regresó minutos después, poniendo la taza pequeña sobre la mesa y varios sobrecitos de azúcar moscabado. Era inevitable verle las manos velludas, las muñecas delicadas y los dedos maltratados por el trabajo. Debo admitir que me gustaron sus lentes de pasta negra, pequeños, y los observé por varios minutos mientras atendía a la mesa de a lado cuando su compañera lo llamó por su nombre. Entonces supe que el galán se llamaba Claudio.
Después de un tiempo me di por vencido. No podía seguir leyendo, no podía seguir fingiendo que no me importaba lo que pasaba en mi vida y en el mundo frente a mis ojos. Pensé en aquel, en el “cobarde” y acepté que gran culpa de lo que pasó hace tres semanas fue mía; culpa mía por esperar demasiado de alguien, por no conocer sus debilidades a fondo y a tiempo, por quererlo ver tal cual como quería verlo. Con la cuchara moví el café y asentí con la cabeza que no le guardaba rencor, odio, ni sentimientos parecidos, sino al contrario, lo comprendía y deseé en verdad que pudiera solucionar su vida algún día. Entonces sentí una tranquilidad extraña, como cuando le das vuelta a la página y ves con alegría las experiencias como dulces recuerdos de un álbum fotográfico. No podía hacer otra cosa más que mirar a lo lejos, entre los árboles y fumar y fumar mientras el tiempo pasaba.
El mesero pasó varias veces, lo miré, me miró de reojo. Cuando miré al reloj, pedí la cuenta. Guarde mis vicios en la mochila y cuando recibí mi cambio—sintiéndome mi amigo Vico en plena acción—saqué un papelito y anoté mi número de celular y mi nombre. Vi el papel con duda, con incredulidad, que la pluma tembló ligeramente cuando escribí el “llámame”. Tomé mi mochila y caminé hacia la izquierda, buscando la primera esquina para esconderme, para que así Claudio no me viera más caminar por la acera del parque. Me sentí nervioso, me sentí inquieto, pero muy contento por mi atrevimiento.

18 comments:

FAUSTO said...

esas miradas que unen mundos.
wow.
que bueno.

que bueno que escribes de nuevo memo.

abrazote.

Vanto Y Vanchi said...

Hay algo muy similar entre tu entrada y la mía, en mi blog. Se trata de los ojos. Te entiendo bien, y festejo tu "atrevimiento" aunque más bien se me antoja lo más indicado. Algo que yo no hice porque no tenía alternativa, sin embargo, me quedé con el contacto visual, casi eléctrico, del chico del metro (cuando leas mi entrada entenderás). Casi me dieron ganas de no volver...

Me encantó tu entrada.

:::♥TUTTIMUSIK♥::: said...

YEIIIIIIIIIIIIIIII!!!!!
QUE BUENO, ME DA GUSTO MEMO!!!
TENEMOS QUE PLATICAR EHHH!!
TE DEJO UN BESOTOTOTOTEEEEE
:)

Sil said...

Guau!!! Y no es ladrido de perro así que más bien... Wow! Sabes quién una vez te vio como el mesero lo hizo??? Un tipo vestido de blanco, si no recuerdas luego te digo.

Guillermo said...

Sil: quién me vio así, dime?? Dime, no me puedes dejar con la duda jajaja.

Vanto y Vanchi: gracias por el comentario y en efecto, son parecidas.

Memo said...

¡Por Dios, mi moral victoriana! Lo que hay que leer...

Jajaja, si te conociera mejor te diría que eres una zorra, jajaja.

Esos muchachos lindos porta-epifanías son buenos.

Libelula said...

Pues espero que el papelito sirva de algo.. que nos conduzca a algo más ;)

Y sobre la imagen, sientase libre de sacarla.. para eso es viste ;P

Esperaré a ver si hay algún reencuentro, si aquel papel "olvidado" en la mesa nos lleva a otra historia.

Guillermo said...
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Cynthia said...

Ya pase por donde me dijiste y sí memo, sino sales con él te mató jaja y de paso yo salgo con él jaja.

Léo said...

Salir con un mesero...mmmm, no se porque evocó la imgen de Miranda Hobbes y Steve Brady en el bar. Quizás sea la misma historia jaja.

Mario said...

No es tanto el salir con el mesero, o si éste responderá o tirará el papelito a la basura. Lo importante es que si este papelito con número telefónico no llega a su destinatario, habrá un segundo intento, y un tercero, que probablemente si tengan éxito. Pero sin esta primera muestra de arrojo, las siguientes no existirían... Yo leí el otro libro de Hollingurts, "La línea de la belleza", y ya tengo el de la piscina en lista de espera. Sólo que últimamente han crecido mucho los libros pendientes y el tiempo se ha hecho corto... Me encantó lo que escribiste sobre "Ángeles en América", aunque yo sólo conozco la serie de HBO y la traducción que mencionas de El Milagro (de hecho, escribí algo en mi blog)... Curiosamente, te había descubierto hace un buen tiempo por tu comentario sobre "El carnaval de Sodoma", buscando referencias sobre la peli y el libro, pero en aquella ocasión olvidé apuntar tu dirección. Y hoy te volví a encontrar saltando de blog en blog... Un placer leerte, al menos en lo que llevo hasta el momento

David said...

Super. No hay nada mejor que la satisfacción de no sentirse reprimido ante lo que se quiere hacer. Impulso vs cautela extrema.

David said...

Super. No hay nada mejor que la satisfacción de no sentirse reprimido ante lo que se quiere hacer. Impulso vs cautela extrema.

Zorro_verde said...

¿Y qué pasó? esto se volvió suspenso jejeje. Me da gusto que lo de aquél (para seguir en eso de no poner nombres)se haya tranquilizado.

pe-jota said...

Lo que más me ha gustado de esta entrada es el cambio de actitud, supongo que lo presentías, ese intento de comprender, y no esperar de los demás aquello que en ese momento no pueden dar. La vida no deja de ser un continuo intento, un intento de ser, a veces llega a buen puerto, y a veces no y muchas veces son historias que ni tan siquiera llegaron a nacer.

Any Given Chilango said...

eso es valentía y no mamadas

Andrea said...

AAaahh, tu post tiene de todo...romance, aventura, melancolía...jajaja

Yo la neta soy de las que dice "No te avientes" porque cuando yo me he atrevido a algo similar pues las cosas nunca me salen bien pero ésa soy yo. Reconozco que lo que hiciste fue muuuuy valiente.

Sin duda alrededor del parque México hay cafés buenos tanto para tomar café como para ir a leer. Ahora quiero saber qué pasó con el tal Claudio.

sergio said...

¿y llamó?